Por qué seguir una dieta libre de lactosa

Casi las dos terceras partes de la población mundial es intolerante a la lactosa, según datos de la Asociación de Intolerantes a la Lactosa en España. Esta realidad explica el boom de productos y dietas libres de este disacárido. Pero ¿hasta qué punto es beneficioso comprar queso crema sin lactosa al por mayor, por ejemplo?

Primeramente, la lactosa es una clase de azúcar presente en la leche de origen animal, en sus derivados (natas, quesos, salsas como la bechamel, etc.) y en ciertos alimentos procesados. Se la ha denominado «azúcar de la leche», y aparece en la leche de todos los mamíferos hembra, incluido el ser humano.

Pues bien, la lactasa es la enzima responsable de procesar y digerir la lactosa, pero no todas las personas la desarrollan en igual cantidad en su intestino delgado. El origen de la intolerancia a la lactosa radica, por tanto, en el déficit de lactasa.

Para los intolerantes, seguir dietas y regímenes sin lactosa permite beneficiarse de los nutrientes de la leche, sin los efectos negativos del mencionado disacárido. Y es que la mala absorción de la lactosa se asocia con multitud de dolencias y molestias digestivas: desde los gases y la sensación de hinchazón, hasta la diarrea, el cólico y el dolor abdominal. ¿La mejor forma de prevenir estos problemas? Eliminar la lactosa de la dieta.

Prescindir completamente de la leche es incompatible con una alimentación sana, salvo que se sustituya por ciertas bebidas de origen vegetal (leche de soja, por ejemplo). La razón es que los lácteos proporcionan calcio, proteínas y vitaminas esenciales, sin las cuales la persona podría sufrir una carencia nutricional.

Sin intolerancia a la lactosa ni sospecha de padecerla, los pros de este tipo de azúcar superan a sus contras: interviene en la absorción de minerales, aportan energía, actúa como prebiótico natural, etcétera.

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